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Una conducta emocionalmente dañina para los menores Triangulización: hijos como instrumento de negociación interna 21 de Noviembre de 2008 Noticia Original - EducarChile con comentarios
 Andrea Palacios es psicóloga infanto juvenil de la Universidad Católica, magíster en psicoterapia integrativa y docente de la escuela de psicología de la Universidad Alberto hurtado.
 Muchas veces surgen conflictos a nivel de pareja donde alguna de las partes involucradas o ambas utilizan a los hijos como una forma de agredir o conseguir algo del otro, ya sea a través de la descalificación directa o indirecta del cónyuge.
 Los padres muchas veces no se dan cuenta o no son concientes de que este tipo de prácticas generan problemas en la salud mental de hijos. Por esto es necesario centrarse en la necesidad de contener las emociones, ideas y sentimientos de los hijos, ayudándolos a tener un espacio donde puedan expresarlas sin enjuiciamientos, validando así, la propia identidad del niño.
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Más frecuente de lo que se piensa, padres y madres suelen resolver sus conflictos de pareja involucrando a los hijos, generando graves alteraciones en el desarrollo de los vínculos a nivel familiar.
Por Andrea Palacios G.
Las familias viven muchos conflictos que tienen relación a los ajustes frente a cambios culturales y/o propios de su ciclo vital. En relación a ésto, muchas veces surgen conflictos a nivel de pareja donde alguna de las partes involucradas o ambas utilizan a los hijos como una forma de agredir o conseguir algo del otro, ya sea a través de la descalificación directa o indirecta del cónyuge.
Lo anterior resulta una situación habitualmente vista en situaciones de disfunción familiar donde los padres aparecen imposibilitados de resolver sus conflictos directamente entre ellos, por lo que en forma conciente o inconciente involucran a sus hijos en el conflicto. Este tipo de conductas son definidas por la psicología como Triangulización siendo tremendamente dañina en término emocionales para los hijos pues busca formar alianzas en contra de uno de los padres, generando graves alteraciones en el desarrollo de los vínculos a nivel familiar.
Dentro de la práctica clínica, con trabajos directamente relacionados con familias de padres separados, este fenómeno ha sido señalado como S.A.P Síndrome de Alienación Parental, definido por primera vez por el psiquiatra Richard Gardner (1985), como "un trastorno que surge principalmente en el contexto de las disputas por la guarda y custodia de los niños. Su primera manifestación es una campaña de difamación contra uno de los padres por parte del hijo, campaña que no tiene justificación. El fenómeno resulta de la combinación del sistemático adoctrinamiento (lavado de cerebro) de uno de los padres y de las propias contribuciones del niños dirigidas a la denigración del progenitor objetivo de esta campaña"1
Si bien el concepto recién descrito se ha utilizado como una forma de hacer evidente un conflicto que perjudica a los niños emocionalmente, no es excluyente de familias no separadas. Además, es importante agregar que las descalificaciones que alguno de los padre haga sobre el otro no son necesariamente falsas, pero no le corresponde al niño enfrentar o significar la situación desde el criterio y percepción de alguno de los padres.
Algunos ejemplos de triagulización
Dentro de mi práctica clínica puedo percatarme como los padres muchas veces hablan mal de otro delante de sus hijos, esta práctica resulta habitual siendo poco percibida por los padres como una gran fuente de conflicto para el menor.
Otros ejemplo es cuando directamente se plantean cosas en qué se descalifica a la pareja, por ejemplo “Tu papá o mamá no le importa por eso se atrasó o no vino”.
También se evidencian situaciones donde los padres buscan directamente que los niños hagan una mediación de sus conflictos conyugales “Dile a tu mamá o papá que yo no pienso ir”, “Si tu hablas con tu papá o mamá pídele que él te de más palta porque yo estoy sin nada”. Consecuencias directas
Las consecuencias de este tipo de prácticas es que los padres están resolviendo sus conflictos o intereses a través de los hijos sin darse cuenta que ellos mantienen una relación independiente de las significaciones propias sobre la propia pareja. En este sentido es importante reconocer que los afectos son distintos y con ello el tipo de vínculo que se establece también.
Cada persona debiera tener la posibilidad de hacer sus propias elaboraciones acerca de cómo es una persona por si misma. Los niños necesitan a un padre y a una madre los más estables y seguros. Cuando esta condición se cuestiona genera una mayor inestabilidad emocional, provocando: sentimientos de angustia y ansiedad, dificultades en desarrollo de vínculos afectivos sanos y protectores, dificultades para una sana resolución de conflictos, parentalización (cuando los niños asumen conductas propias de un repertorio más adulto), miedo a la separación, alteraciones a nivel fisiológico, alteraciones académicas, cuadros depresivos y ansiosos y trastornos relacionados con la organización de la personalidad.
Hay que tener presente, que las consecuencias están relacionadas directamente con la intensidad y frecuencia que se presente la conflictiva.
Qué medidas tomar
La mejor medida es que lo padres puedan tomar distancia entre los conflictos propios de pareja y sus roles como padres, porque son dos cosas distintas que muchas veces se mezclan sin percibir que hay niños entre medio, expectantes de poder contar completamente con ellos como padres, sin los recursos emocionales para distinguir que las acusaciones o juicios negativos que alguno de los padres realiza en contra del otro, obedecen a problemas de pareja. Para los hijos, son sus padres los que se desmoronan y con ello también su estabilidad emocional.
Muchas veces y con razón, los padres deben proteger a sus hijos de alguno de los cónyuges frente a situaciones que resultan riesgosas para la integridad del niño, pero no le corresponde al hijo la elaboración de la conducta del otro, ya que para los menores resulta fundamental realizar sus propios juicios en beneficio del desarrollo de su identidad.
También existen situaciones que el nivel de daño es tan grave que han sido judicializadas a través del diagnóstico de S.A.P como una forma de proteger la integridad emocional de los niños. Sin embrago es importante destacar que este diagnóstico muchas veces ha sido mal utilizado ya que se ha aplicado en causas donde existen evidencias de abusos de menores o bien maltrato psicológico y físico, con lo cual paradójicamente vulnera aun más los derechos de los menores.
Finalmente, a modo de conclusión, los padres muchas veces no se dan cuenta o no son concientes de que este tipo de prácticas generan problemas en la salud mental de hijos. Por esto es necesario centrarse en la necesidad de contener las emociones, ideas y sentimientos de los hijos, ayudándolos a tener un espacio donde puedan expresarlas sin enjuiciamientos, validando así, la propia identidad del niño.
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1.- Gardner, R (1985) Recent trenes in divorce and custody litigation. Academy Forum 1985;29:2:3-7.
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